Navegando por el canal Beagle

Capítulo IV de ‘Mi vuelta al mundo persiguiendo a Magallanes’

La ciudad de Punta Arenas, a la que hemos llegado en autobús bordeando el estrecho de Magallanes, es más europea, más comercial que las que hemos visto en el sur de Argentina. Hanseática, dice Juanjo… quizás, pero desde luego es muy diferente a las ciudades del país vecino. Hay edificios singulares que pueden visitarse en un circuito urbano donde se explica en cada uno de ellos quién lo construyó. Un resumen de sus actividades, su procedencia… Observamos que los ciudadanos ilustres de la ciudad proceden del antiguo imperio ruso. Letones, lituanos, croatas… y que sus casas tienen estilos neoclásico y modernista. Grandes palacetes con jardines en la mayoría de los casos. Otros edificios de ciudadanos ilustres ahora se dedican a fines gubernamentales, de la región o bancos. Nos encontramos en la provincia de Magallanes y su nombre prolifera por todas partes. Un gran monumento dedicado a él preside la plaza central. Por el camino hemos visto otra réplica de la Nao Victoria.

Monumento a Magallanes en Punta Arenas. Juan José Manzano.

Junto al puerto hay una serie de carteles informativos que hablan de otro momento puntero en la historia: la de los exploradores de la Antártica —yo siempre digo Antártida, pero aquí pone Antártica en todas partes—. La verdad es que se te ponen los pelillos de punta al leer los nombres de Amundsen, Shackleton o Cook y de las expediciones científicas de las que formaron parte. Me parece un mundo fascinante. Fitz-Roy y Darwin con el Beagle, cuyos nombres han quedado en accidentes geográficos, isla y canal… y tantos otros que le siguieron, como Gerlache y que es imposible relatar aquí. En los carteles informan sobre gestas de marinos y aviadores cuyos nombres yo no había oído nunca, pero que aquí tienen su recuerdo en nombres de calles. En muchos edificios se puede leer: en este se alojó Shackleton, aquí tal aviador…. Me estremecí por la impresión de estar en un sitio tan vinculado con la Antártica. Es un territorio que atrae, impacta siempre que se escucha hablar de él. Debe ser algo especial. También vimos referencias a las bases que los distintos países tienen allí. No puedo por menos envidiar a quienes tienen la suerte de vincularse a estas expediciones científicas de la forma que sea… siempre me ha parecido apasionante. Más que los viajes espaciales.

Mientras esperábamos para embarcar, hemos visitado el museo Salesiano, que es el más completo de la ciudad en cuanto a fauna y tribus. Allí hemos pasado un par de horas enterándonos de la vida de los selknam u onas (os sonará, salen en los crucigramas: indio fueguino, ona). Hay dos grupos nómadas: los terrestres (tehuelches, onas y hausch) y los canoeros (yámanas o yaganes y los alacalufes o kaweshar). Esto me recuerda que en algunos lugares he visto que en lugar del Tierra del Fuego, la nombran Tierra de los Fuegos. Recordaréis que Magallanes le dio ese nombre por las numerosas fogatas que divisaba desde el barco, así que posiblemente, el nombre de Tierra de los Fuegos sea más acertado.

Carguero antes de zarpar hacia el canal Beagle. Juan José Manzano

El barco es un carguero que admite pasajeros, el Yaghan. Vamos a ir hasta Puerto Williams.  Por la tarde vamos por el estrecho de Magallanes hacia el sur, pasando por el cabo Forward, Fuerte Bulnes y Puerto del Hambre, llamado así por una colonia que fundó Sarmiento de Gamboa y en la que solo sobrevivió una persona a la que encontró un barco inglés.

En este recorrido vamos a navegar por la latitud 54. Cincuenta aulladores es el viento de esta latitud. La Antártica está en la latitud 60. Confiamos en ver delfines (toninas) y albatros. Uno de los senderistas que han embarcado con nosotros es ornitólogo y nos informa de que los albatros son pájaros pelágicos y que apenas pisan tierra y la que pisan son solo islotes.

Me ha dicho Juanjo por la mañana que íbamos a salir a mar abierto pero había bastante oleaje, así que hemos virado y nos han metido por un canal para evitar la mala mar. Amanezco en Bahía Desolada. Un terreno montañoso donde se empieza a ver algo de nieve en los picos. Estamos recorriendo el brazo noroeste del canal del Beagle. Salimos alternativamente a la cubierta porque está nublado, hace viento y frío. Nos abrigamos mucho, salimos un ratito a ver el paisaje y nos metemos en cuanto nos quedamos congelados de frío. El té caliente ayuda a ir pasando los momentos peores. Durante la noche hemos pasado por seno Magdalena,  canal Magdalena y su faro, paso Brecknock, canal Ocasión, punta Giratoria, canal Brecknock, islotes Nelson, canal Brecknock, paso Aguirre. Vamos siguiendo en el mapa los puntos del recorrido, porque no es un trayecto fácil. Magallanes siguió el camino más abierto, después de enviar barcos a explorar posibilidades, pero este laberinto, que más tarde cartografió Fitz-Roy con dificultades en el primer viaje del Beagle, tuvo que ser, para la expedición Magallanes, un verdadero quebradero de cabeza.

Mapa donde se ubica el canal Beagle

Vemos barcos faenando. Un chileno, que ha trabajado en eso, le comenta a Juanjo que esos barcos pasan varias semanas en la misma zona, pescando centollas, como los canoeros de antaño. De vez en cuando viene una lancha rápida a por la carga. Nos había parecido que estaban muy alejados de Puerto Williams y nos extrañaba, pero es así de duro, aunque los chilenos llevan el clima bastante bien. Entre los pocos pasajeros, unos van a hacer senderos, otros van para Ushuaia, nosotros volveremos en avión a Punta Arenas, para continuar siguiendo a Magallanes.

El paisaje es impresionante. Desolado, aunque con pequeños árboles y altos picos en todas direcciones, que tienen cada vez más nieve según avanzamos. La mayor parte del día está nublado. A veces hay chubascos que echan a todo el mundo de la cubierta. El viento no ha parado casi en ningún momento. Juanjo se parapeta en la cubierta baja, y está fuera casi todo el tiempo o mirando desde la escotilla de la puerta de salida en el pasillo de los baños.

Nos forramos para salir. Yo me pongo gorro de lana, tubular en el cuello, la chaqueta cortavientos y guantes, además de la camiseta, la térmica, y el chaleco polar que no me quito para nada. Si el viento es excesivo y no llueve me pongo, además, las gafas de sol para proteger los ojos.

Canal Beagle. Juan José Manzano

Emocionante es también estar en esta zona donde anduvo Darwin buscando fauna. Durante la expedición se alimentaban de focas y pingüinos. Aquí encontraron a los indios canoeros, que hacían fogatas dentro de las embarcaciones. Los alacalufes (kaweshar) vivían próximos al Estrecho. Los yámanas vivían más al sur, en las islas del Cabo. Son una rama de los ona que llegaron a esta zona cuando en la glaciación se hizo un puente de hielo. Luego se adaptaron al medio, se hicieron con embarcaciones para mariscar (buceando a pulmón en este agua tan fría) y adoraban un panteón de veintitrés dioses.

Tras Bahía Desolada hemos pasado por los siguientes puntos: canal Ballenero (las ballenas se ven en diciembre), canal O’Brien, paso Timbales, canal Darwin, paso Ibarra que es el brazo noroeste del canal Beagle —como ya he reiterado, la zona del estrecho de Magallanes y cabo de Hornos es un lugar complejo, un laberinto de islotes y canales—. «No creo que haya en el mundo estrecho más hermoso, ni mejor», en palabras de Pigafetta.

Hacia las 13:30 nos avisan de que van a empezar a verse ventisqueros (glaciares). Hemos estado reservando calor para ese momento. Además ha llovido fuerte y ha hecho un viento intenso (cincuenta aulladores).

Navegando por el Beagle. Juan José Manzano

Hemos tenido la inmensa suerte de que, después de un día de nubes cerradas, justo cuando hemos llegado al primer glaciar han parado el viento y la lluvia e incluso ha salido un rayo de sol que nos iba iluminando los glaciares como si fuera un foco de teatro. Cada vez que llegábamos a un glaciar un rayo de sol lo recorría para que lo viéramos bien y nos salieran las fotos mejor. ¡Casi aplaudimos! El primer ventisquero que vimos fue el España. Muy bonito, pero no llega el hielo al mar. Después pasamos por el Alemania, el Francia, el Italia, que es el glaciar estrella de la zona. Tan bonito, que el barco se acerca a él para que lo observemos. Es el único que desprende témpanos al canal. Se ve el agua llena de trocitos de hielo. Alrededor, por todos los picos que nos rodean, en un terreno montañoso hasta donde alcanza la vista, hay muchísima nieve. El último ventisquero es el Holanda. Yo solo me asomé un segundo porque se levantó un viento helado y fuerte con lluvia. Para compensarnos, ha salido un arcoíris entero, de un lado al otro del canal.

Tras el glaciar Holanda entramos en el brazo ancho del canal Beagle. Empieza a apreciarse un oleaje fuerte, pero dentro del barco no se siente nada. Tiene una quilla que no llega a los dos metros, casi plana, para poder navegar por esta zona y entrar en playa.  En el barco, aparte de los turistas, hay gente de Punta Arenas que van a trabajar a Puerto Williams. Pasan tres semanas en Puerto Williams, trabajando en construcción de calles, un hospital, etc. Y al cabo de ese tiempo van diez días a Punta Arenas a descansar. A veces van en la avioneta y otras en el barco, a elegir. Hay una familia con dos niñas pequeñas. Él trabaja en el destacamento de marina, que luego nos hemos enterado que constituye la mitad de la población de Williams. Ella nos dice que tienen médicos y enfermeras en el pueblo, pero a nivel de primaria. Si hay una urgencia tienen que sacarlos en avión. No hay otro medio. Por eso van a construir un hospital, para partos y cirugía de urgencia. Nos han contado que las mujeres embarazadas tienen que quedarse en Punta a Arenas a partir del séptimo mes, por si hay complicaciones.

Llegamos a Puerto Williams, en la zona de cabo de Hornos, por la mañana cogimos un avión (generalmente el desplazamiento es en avioneta, pero hemos tenido suerte) para volver a Punta Arenas y seguir explorando la zona por donde salió Magallanes al Pacífico. Ya hablaremos de esto, porque cometió un grave error, aunque él no podía saberlo…

BIBLIOGRAFÍA

 

Cabo de Hornos, vientos http://www.fondear.org/infonautic/mar/El_Mar/Cabo_Hornos/Cabo_hornos.htm

Darwin, CH. Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Greenbooks Editore, 2014

Fuente Ramos, Mercedes de la. Crónicas desde la Costa.  cronicasdesdelacosta.blogspot.com/

https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=2089285406986515436#allposts

 

Pigafetta, Antonio, Primer viaje en torno al globo, Ed, Calpe, Madrid, 1922

 

Pueblos originarios, Biografías. https://pueblosoriginarios.com/biografias/gamboa.html

 

Sánchez Sorondo, Gabriel. Travesía al fin del mundo. Ed. Nowtilus, 2006

 

Thompson, Harry. Hacia los Confines del Mundo. Ed. Salamandra, 2007

Mercedes de la Fuente
Mercedes de la Fuente
mercedesdelafuenteramos@gmail.com

Enfermera y viajera impenitente. Escribo mis diarios cada noche, en cada viaje, desde hace más de 40 años. Antes en cuadernillos y actualmente en mi blog. Ahora quiero compartir los viajes anteriores y los futuros. Las mejores experiencias. El mejor aprendizaje viene de las personas y de la naturaleza.

1 Comentario
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    Paz Mompart
    Publicado el 16:08h, 11 agosto Responder

    Como si hubiera estado allí, que me hubiera encantado

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