Diez lugares de La Mancha de los que siempre querremos acordarnos

Humedales, castillos medievales, fauna, arqueología, minas, gastronomía y literatura. Descubre Ciudad Real, una de las provincias más desconocidas de la península ibérica en diez puntos geográficos que no debes perderte.

No es necesario caminar muy lejos para descubrir lugares nuevos, volver a visitar destinos ya vistos y verlos con otra luz o en otra época del año. Uno de los aprendizajes que nos trae la pandemia del COVID-19 es a mirar con ojos nuevos a nuestro alrededor y aprovechar este tiempo recobrado para ver qué nos revela nuestro entorno.

Son muchas las experiencias que ofrece la provincia de Ciudad Real. El otoño mágico de sus llanuras crea el plan perfecto de nuestra escapada.  Si además tenemos días para planificar visitas, nos llevaremos grandes dosis de energía viajera.  Estas son algunas de ellas.

Ciervos en la raña de Cabañeros. ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez

1.- Parque Nacional de Cabañeros: safari fotográfico

Tenemos la suerte de no tener que ir muy lejos para poder disfrutar de un safari. Entre las provincias de Toledo y Ciudad Real se encuentra el Parque Nacional de Cabañeros. Atravesar la dehesa en 4×4, atrapar la mirada de los corzos con la cámara fotográfica y el color de las jaras, brezos y alcornoques. Seguir la senda de los jabalíes o reconocer el vuelo limpio del águila imperial. Internarse en las lauredas del Terciario con su flora mediterránea. Cabañeros es el hogar del buitre negro, el gato montés, de los linces, zorros, garduñas, nutrias y conejos. Sentir la majestuosidad del espectáculo natural de la berrea en la raña durante los meses de septiembre y octubre tras las primeras lluvias.

El bosque mediterráneo mejor conservado de toda Europa se convirtió en zona de preservación y cuidado de fauna y naturaleza gracias a la lucha de los movimientos populares y ecologistas en los años ’80 ante la decisión del Ministerio de Defensa cuando quiso destinar el área a zona de campo de tiro para el ejército y la OTAN. El nombre del parque viene de unas chozas cónicas de paja creadas con vegetación del entorno que se utilizaron en la zona como refugio de pastores, carboneros y pobladores del lugar.

Cabañeros se puede visitar a pie, bicicleta o a caballo. Dispone de dieciséis caminos para hacer senderismo y las visitas guiadas en 4×4 que deben reservarse con cita previa.

De los quince Parques Nacionales que hay en España, Cabañeros es el menos visitado.

Motilla de Azuer. ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez

2.- Motilla de Azuer: un castillo laberíntico de la Edad del Bronce

En plena llanura manchega, junto al río Azuer, pasa desapercibida una colina cuyo interior alberga un castillo prehistórico construido hacia dentro. Su nombre es motilla y se yergue desde los años 2200 y 1500 a.C. Hay varias motillas más en la vereda del Guadiana y sus afluentes pero la del Azuer es la de mayor dimensión y conservación descubierta hasta ahora.

Penetrar en esta fortificación es impresionante, su estructura recuerda a un gran hormiguero, caminar por su cinturón de pasillos en espiral, dentro de sus muros de más de cuatro metros de alto y la vista que desde arriba se tiene del tesoro más preciado que aquí se guardaba: el agua. El principal uso de la motilla —además de ser una ciudad fortificada camuflada en la llanura para los invasores— era conservar el líquido de la vida. La motilla es el pozo más antiguo hallado en la península ibérica.

Todas las visitas son guiadas y es necesaria la cita previa. La ruta comienza en el Museo Comarcal de Daimiel y junto al grupo y los guías el traslado al yacimiento es en un minibús.

Cueva de Medrano en Argamasilla de Alba. ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez

3.- Argamasilla de Alba: El lugar de la Mancha

En una cueva humilde situada en el corazón de la península ibérica se encuentra la cuna de la literatura hispánica moderna. Tan solo unas escaleras separan el mundo real de la atmósfera de un mundo atrapado en el tiempo. Una mesa de madera, un taburete, un ventanuco. Los siglos y los seres humanos han dejado el lugar intacto. ¿Qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco como quien se engendró en una cárcel donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?. Extracto del prólogo de Miguel de Cervantes en la obra Don Quijote de la Mancha.

Aunque nunca dejó por escrito cuál fue aquél lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiso acordarse y que quizá el lugar sea una suma de experiencias y lugares vividas por el autor; sí es cierto que la tradición cervantina, desde los contemporáneos del escritor, afirma que fue en Argamasilla de Alba donde Miguel de Cervantes comenzó a escribir la obra.

Azorín en 1905, durante su viaje siguiendo la ruta del caballero andante por el III Centenario de la publicación de la obra, dijo lo siguiente: ¿Qué hay en el ambiente de este pueblo que haya hecho posible el nacimiento y desarrollo, precisamente aquí, de esta extraña, amada y dolorosa figura? ¿De qué suerte Argamasilla de Alba, y no cualquier otra Villa manchega, ha podido ser la cuna del más ilustre, del más grande de los caballeros andantes?.

Además, al caminar por el pueblo se encuentran lugares y detalles curiosos de la obra cervantina —que también podrán conocer con las visitas guiadas que ofrecen en la propia Cueva de Medrano— la botica de los académicos, el pósito de la tercia y un curioso cuadro ex-voto que se encuentra en el interior de la iglesia de San Juan Bautista con una misteriosa historia en la cual también quizá se basó Cervantes para crear a su personaje protagonista.

Ilusiones o no, es un lugar imprescindible para los amantes de los libros. Un santuario laico de la literatura.

«El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes
Helechos en la ruta de Las Lastras, Fuencaliente. Alba Cantón
Pinturas rupestres de Peña Escrita, Fuencaliente. Alba Cantón

4.- Fuencaliente: la roca de los sueños olvidados

Al sur, lindando con la provincia de Córdoba y en plena Sierra Madrona se encuentra Fuencaliente. Sus montes albergan secretos dibujados en piedra: el yacimiento de arte rupestre de Peña Escrita y la Batanera, considerados dentro de la pintura rupestre esquemática de los más importantes por su número y estado de conservación. Un balcón al pasado. Un viaje muy lejano al mismo lugar, con otras formas de sobrevivir y sentir. Observar estas pinturas es como mirarse de frente con miles de años de historia de humanidad, sueños, historias y anhelos.

Pero Fuencaliente alberga más secretos: un sendero de profundo verdor que atraviesa helechos gigantes. Caminando junto al río Cereceda por el camino de Las Lastras, el visitante se encontrará con un sorprendente paisaje de saltos de agua que se deslizan montaña abajo por piedras que parecen toboganes que crean pozas de agua donde poder darse un baño.  Este helechal aparece además en la primera parte del libro Don Quijote de la Mancha. Cervantes ubicó aquí la aventura del batán.

Plaza de Villanueva de los Infantes. ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez

5.- Villanueva de los Infantes: el corazón ilustre del Campo de Montiel

Cruzando campos cultivados y colinas ocre y verde olivo, en el centro de la altiplanicie manchega se alza majestuosa, Villanueva de los Infantes. Ciudad palaciega que toda en sí constituye un bello monumento que acoge a los viajeros hacia otro pequeño viaje en el tiempo.

De calles empedradas y casas históricas ejemplo del barroco y renacimiento manchego, museos y hoteles con encanto, hace sentir que antiguamente los altos en el camino eran un buen hogar donde quedarse tras la larga y pesada ruta. En las fachadas de Infantes se conservan más de 250 escudos nobiliarios. Destaca el zaguán de la Casa de los Estudios de estilo neoclásico, rincones literarios como la casa del Caballero del Verde Gabán, o el Convento de Santo Domingo, hoy Hostería Real, y donde se puede visitar la celda donde falleció en 1645 Francisco de Quevedo.

Atardecer en las Tablas de Daimiel. José Vicente Cantón

6.- Las Tablas de Daimiel: descanso y repostaje para el gran vuelo

Félix Rodriguez de la Fuente solo necesitó un mapa y un rotulador rojo para explicar al mundo la importancia de preservar las zonas húmedas en peligro de la península ibérica. El mapa aparecía tachonado de círculos rojos: eran las lagunas, marismas y zonas pantanosas de España que se habían perdido porque se habían desecado para la agricultura. Su mensaje fue rotundo «si no cuidamos y preservamos los paraísos acuáticos que nos quedan, permitiremos que desaparezcan nuestros tesoros de agua y vida para siempre».

De esta forma, presentaba el capítulo de la serie El hombre y la tierra sobre las Tablas de Daimiel, Parque Nacional desde 1973, una balsa de agua en medio de España. Una especie de hotel para las miles de aves viajeras que aquí se apean en su viaje por el mundo en busca de climas más cálidos y alimento. Es el último representante del ecosistema de las tablas fluviales que nos queda y uno de los más valiosos de todo el planeta. Su formación se debe al desbordamiento de los ríos Guadiana y Cigüela y a la poca elevación del terreno. En sus aguas se bañan cientos de patos —porrón común, pato colorado, cercetas comunes, ánades y ánsares reales o las fochas—rodeados de carrizo y enea en un paisaje de tonos tierra que cambian en cada estación del año. Recomendamos vivirlo en las primeras horas o al atardecer, cuando la bruma envuelve las formas. Las Tablas de Daimiel son también el hogar de zorros, nutrias, agujas colinegras, avocetas, cigüeñuelas, águila pescadora, la grulla y el aguilucho lagunero.

Minas de Almadén. ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez

7.- Minas de Almadén: viaje a las profundidades de la tierra

Dicen que las minas de Almadén son las más antiguas del mundo. Llevan funcionando dos mil años y, probablemente, ya extraían minerales allí fenicios y cartagineses. Los romanos producían en Almadén el bermellón del imperio, que consistía en la molienda del cinabrio obtenido en las minas. Plinio el Viejo escribió sobre el funcionamiento en esta rica y preciada tierra a la que solo accedían si lo permitía el emperador y al finalizar la extracción cerraban con llave. La actividad minera la continuaron los árabes —el nombre del municipio Almadén proviene de Al-Madin (la mina) y se ha mantenido hasta el término de la explotación en 2003. Ahora es un museo vivo donde el visitante puede viajar a las entrañas de la tierra, descubrir sus colores, infraestructuras históricas e imaginar así, las condiciones y el trabajo duro aquí desempeñado por los mineros que aquí han trabajado a lo largo de todas las épocas —en muchas ocasiones, esclavos y presos— para extraer el mercurio y otras riquezas. La visita se realiza a pie y en el tren minero, recorriendo túneles, estructuras, pozos, bóvedas naturales y arquitectónicas, en un viaje por la historia de este yacimiento.

Parque Natural Lagunas de Ruidera. ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez

8.- Lagunas de Ruidera: rumor de agua en el jardín literario.

Oníricas, desconocidas. Reptan en un rincón ancho y seco de la península ibérica. Sin duda, no parecen reales. Dieciséis lagunas de aguas turquesa bajo el monte extenso que las cuida, libre y secreto. Los juncos, carrizos, saltos de agua y su misteriosa vida interior, silenciosa y tranquila. Las Lagunas de Ruidera son, por su formación y características, únicas en España. Solo existe un lugar similar en Europa, en el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice en Croacia, ambos lugares fueron originados por el mismo fenómeno.

El Parque Natural de las Lagunas de Ruidera se encuentra en el límite de las provincias de Albacete y Ciudad Real y se extiende a lo largo de cuatro mil hectáreas desde su nacimiento en la laguna Blanca hasta veinticinco kilómetros más abajo en el pantano y castillo de Peñarroya. Las lagunas van de la mano de un extremo a otro, unidas por pequeñas cascadas y caídas de agua. Desde las laderas observan las encinas, sabinas albares, matorrales, olmos y álamos.

En el punto más alto, en la Cabeza de San Pedro se encuentran el Castillo de Rochafrida y la Cueva de Montesinos. En la Cueva de Montesinos Don Quijote vive una de las aventuras más memorables de la novela, cuando se queda dormido y sueña que allí abajo descubre un mundo subterráneo. Un inframundo donde están atrapadas la dama Ruidera y sus hijas bajo un encantamiento del mago Merlín.

«—Dios os lo perdone, amigos, que me habéis quitado de la más sabrosa y agradable vida y vista que ningún humano ha visto ni pasado. En efecto, ahora acabo de conocer que todos los contentos desta vida pasan como sombra y sueño o se marchitan como la flor del campo. (…) ¡Oh lloroso Guadiana, y vosotras sin dicha hijas de Ruidera, que mostráis en vuestras aguas las que lloraron vuestros hermosos ojos!». Extracto del capítulo XXII de Don Quijote de la Mancha.

No muy lejos de allí se alza el castillo de Rochafrida. Sus ruinas, de origen musulmán, datan de finales del siglo XI. Se puede subir hasta lo alto del torreón, pero el visitante deberá encontrar el camino de entrada siguiendo su instinto de aventura. Dos de los poemas más antiguos conocidos de la literatura hispánica se refieren a este enclave. Los romances de Rosafrida Fontefrida del Romancero viejo.

«En Castilla está un castillo,
que se llama Rocafrida;
al castillo llaman Roca,
y a la fonte llaman Frida».

Plaza Mayor de Almagro. ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez
Corral de Comedias. Almagro. ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez

9.- Almagro: la ciudad roja del festival y la comedia

Es preciso acercarse a Almagro en cualquier época del año. El momento siempre será el indicado. Pasear en invierno, en busca de dulces típicos como las flores de calatrava o el membrillo; resguardarse en el Parador de Almagro —un convento del siglo XVI— a la luz de un buen vino y berenjenas. O tomar la plaza con el buen tiempo; disfrutar del mes de julio en el hervidero del Festival Internacional de Teatro Clásico. Recorrer las tiendas de recuerdos, libros y artesanías bajo los soportales de la Plaza Mayor; entrar y echarse a la cara siglos y siglos de teatro en el Corral de Comedias —el único del siglo XVII que se conserva en Europa—, espacio histórico, donde aún se cuentan historias, del color óxido de la tierra donde se encuentra. (Al-magra, arcilla roja en árabe).

Castillo de Calatrava la Nueva. ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez

10.- Castillo de Calatrava la Nueva: una aventura caballeresca

Un castillo fortificado en lo alto de un cerro a 936 metros de altitud a quien el tiempo no ha generado arrugas. El castillo de Calatrava la Nueva, la gran fortaleza de los caballeros calatravos, se mantiene noble e indómito. En su tiempo fue uno de los castillos con mejor defensa de toda la península, además de estar situado en un punto importante: el paso de norte a sur, hacia Andalucía.

La oportunidad de recorrer el castillo y sus dependencias, el convento del siglo XIII —donde destaca el rosetón de la puerta del tiempo de los Reyes Católicos—, las cocinas, escaleras, pasillos, estancias, aljibe, las zonas de los artesanos, cuadras, bodegas y el cementerio. Una imagen en buen estado de lo que fue una vez la vida en una ciudad en la época de la sobriedad, los saqueos, caballeros e invasiones.

Alba Cantón
Alba Cantón
alba@itinerariaeditorial.com

Periodista. Ha trabajado en medios de España y Ecuador. En la actualidad, trabaja en 'A Casa Museo José Saramago' en Lanzarote y co-dirige la editorial 'Itineraria'.

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