Memoria y literatura al borde del mundo: Chile

Capítulo VI de ‘Mi vuelta al mundo persiguiendo a Magallanes’

EL VIAJE DE MERCEDES DE LA FUENTE TRAS LA SENDA DE LOS EXPLORADORES ESPAÑOLES Y PORTUGUESES CONTINÚA POR LA CAPITAL DE CHILE PARA VISITAR EL MUSEO DE LA MEMORIA Y LA CASA MUSEO DE PABLO NERUDA EN ISLA NEGRA.

Estatua de Salvador Allende en Santiago de Chile. Juan José Manzano

Hemos dejado a Magallanes intentando encontrar un camino hacia las islas de las especias. Las ratas en el barco se cotizan, se han acabado las provisiones y empieza el escorbuto….

Nosotros seguimos costeando la costa chilena por donde debía haber navegado Magallanes y así hubiera evitado tantas penalidades. Pero, el navegante qué podía saber, era territorio inexplorado. Nosotros ahora vamos por tierra, pasando por varios sitios muy interesantes para llegar a Santiago de Chile donde vamos a visitar el Museo de la Memoria y una de las casas de Pablo Nerudala Chascona (La despeinada). Una casa muy original aunque estamos más interesados en ir a la Isla Negra, que es otra casa de Neruda, en la costa.

El Museo de la Memoria

La muestra se inicia con una explicación sobre las Comisiones de la Verdad y los países que las han establecido. Hay 33 países de los que soportaron dictaduras, de cuatro continentes —con sus consiguientes asesinatos, torturas y desapariciones— que han constituido estas Comisiones. Para vergüenza nuestra España no está entre ellos, a pesar de haber sufrido lo mismo en tiempos del dictador y de los intentos de búsqueda de familiares que aún hay en nuestro país. Y de la impunidad de los torturadores. Para mayor vergüenza, es en Argentina donde se está intentando solucionar el problema de las víctimas de España.

En el primer piso empezamos viendo la información sobre el 11 de Septiembre de 1973. En ese nefasto día se produjo el levantamiento militar y se inició la persecución y matanza de personas inocentes en Chile. Hay una proyección en blanco y negro con la secuencia del ataque al Palacio de la Moneda y la muerte de Allende. En esa zona hay puestos con auriculares para escuchar el discurso de Allende, la proclamación de la Junta militar, testimonios de testigos, etc. Sobrecogedor.

Interior de la casa museo de Neruda en Isla Negra. Juan José Manzano

Aún impresionada, pasé a una zona donde hablaban de los niños asesinados por ‘ser comunistas’ y de los dibujos que hacían en el colegio. Horrible.
Lo siguiente es muy fuerte. Son testimonios de gente torturada. Cuentan lo que sentían y lo que siguen sintiendo. Una mujer delgada cuenta que le ordenaron desnudarse, la vejaron y violaron como persona. Todo lo que le hicieran a partir de ese momento daba igual, porque ya la habían destruido. Cuenta que el dolor era tan espantoso que había un momento en que ya no sentía nada y se ausentaba. Se disponía a morir como si estuviera fuera del mundo. Asegura que la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) se ensañaba con las mujeres.

A otra mujer la torturaron delante de su pareja. Dice que ahora se da cuenta de que fue el instrumento para torturarle a él.
Un hombre decía que de casi todas las torturas que le hicieron, aunque fueran muy dolorosas podía sobrellevarlas, excepto la de la electrocución. Afirmaba que el dolor era insoportable. Para electrocutarlos los ataban a un somier de hierro al que llamaban ‘la parrilla’. La tranquilidad con la que contaban todo eso es sobrecogedora.

Hay un apartado sobre los expulsados forzosos por ser ‘peligrosos para el país’ y exiliados. También es bastante duro. Un documental muestra a las familias en la puerta del Estadio Nacional preguntando por sus familiares. Era espantoso ver su expresión. También hay una relación de los países de acogida.

Vista del océano desde Isla Negra. Juan José Manzano

Hay un lugar frente a un mural con fotos de los asesinados y desaparecidos rodeado de luces que imitan velas donde, en una pantalla, puedes ir buscando en un álbum digital las fotos de las personas desaparecidas. Ver su ficha, la edad que tenía cuando desapareció y el lugar.

Se puede ver un documental con una manifestación en la que un policía agarra a una chica, le gira y dispara en la cabeza. No murió, pero las imágenes son tremendas. También hay un apartado sobre la música y el arte en tiempos de la dictadura y acaba con el plebiscito donde se preguntó a la gente si quería que siguiera Pinochet y el triunfo del No.

Vimos carátulas de discos revolucionarios, prohibidos entonces, claro. Y un apartado sobre Neruda que murió el 25 de septiembre. Hay una versión que dice que lo asesinaron con una inyección de supuesto analgésico. Sufrió un shock después de que le inyectaran eso y murió. Pablo Neruda estaba enfermo de cáncer, pero le aceleraron el proceso.
No recordaba que a Víctor Jara lo asesinaran tan pronto. Lo mataron el día 15. Yo tenía 16 años. Recuerdo la impresión tan terrible que sufrimos cuando nos enteramos de su tortura y muerte, yo era adolescente. Cantábamos Te recuerdo Amanda. Recuerdo esos momentos como si fuera ayer. En el ’73 teníamos en España en una situación muy rara. A Carrero Blanco lo mataron en diciembre de ese año. Yo estaba en el colegio y ese día nos mandaron a casa. Mi madre decía, por lo bajini, que nos habíamos salvado de alguien que incluso era peor que Franco. Y tenía intención de sucederle, porque Franco ya estaba enfermo y decrépito.
Lo de Chile nos dejó sobrecogidos. Pero en el ’74 sucedió la Revolución de los claveles en Portugal y sentimos cierta esperanza. Muerto Carrero, quizá podría pasar en España algo así, pensábamos con ilusión. En el ’75 murió Franco y en el ’76 vino el golpe de Videla en Argentina. Pero en España estábamos tan nerviosos e inseguros tras la muerte de Franco, con Arias Navarro de presidente y el rey Juan Carlos al que llamaban ‘el breve’, que el golpe de Videla casi ni lo tuvimos en cuenta. Hasta que empezaron a llegar noticias del espanto que estaba produciéndose en Argentina.
Todo eso lo empecé a recordar en el museo. Volví a sentir las sensaciones de aquellos años, las manifestaciones, los grises, el horror de las noticias de uno y otro lado… Fue una época muy extraña, pero me alegro de haberla podido vivir.

Desde el interior de Isla Negra. Juan José Manzano

La Isla Negra

La Isla Negra es la casa donde vivió Pablo Neruda. Llegamos lloviendo a cántaros. El camino a la casa de Neruda es de tierra, así que estaba todo embarrado y hacía mucho frío. Menos mal que cogimos impermeables abrigados, porque el día anterior había hecho calor.
En la casa hay que hacer cola después de sacar los boletos. Por lo menos tienen un toldo que protege de la lluvia y, supongo que del sol, cuando casca. No tuvimos que esperar mucho. Te dan una audioguía y se entra en grupos de doce personas.

La casa, cuyo terreno fue comprado por el escritor en 1939, imita el interior de un barco e incluye elementos como mascarones de proa de distintas épocas, conchas, ojos de buey o un tablón de madera que usaba como escritorio y que resultó ser una escotilla de barco.

El enclave de la casa es espectacular, frente a una playa rocosa de roca negra en la que baten las olas. La casa está construida como un barco: techos redondeados en madera y es alargada. La fueron construyendo poco a poco. Se pueden apreciar otras cosas que coleccionaba Neruda como estribos, botellas, conchas, pipas… hay espacios muy estrechos y caminos escondidos. El dormitorio da a dos ventanales. La cama está colocada en ángulo. La vista desde allí es impresionante.

Casa de Isla Negra. Juan José Manzano

Hay un bar para los amigos, un comedor alargado con vasos de colores, una zona para escribir frente al mar con una mesa hecha con un tablero que salió del mar que era una puerta de la bodega de un barco; una habitación-cuadra para un caballo de madera que compró cuando se incendió una tienda de Temuco que tuvo ese caballo en la puerta. Neruda, de pequeño, le decía al dueño que le iba a comprar el caballo y, finalmente, lo hizo.

Pablo Neruda y Matilde Urrutia están enterrados en el jardín de esa casa. Su tumba parece un parterre. Están en un saliente en forma de proa que mira al mar. Solo pone sus nombres. Nos quedamos un rato mirando las tumbas, sin hablar, con el corazón encogido.
La última habitación que se visita es la que Neruda no tuvo tiempo de hacer, pero que ha sido construida por la Fundación. Muestra la impresionante colección de conchas y un colmillo de narval de 2’5 m. de largo.

Salimos de la casa bastante mojados y con hambre. En un restaurante cercano Juanjo pidió un caldillo de congrio, plato al que Neruda dedicó una oda.

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