Vírgenes y pingüinos

 

Capítulo II – Mi vuelta al mundo persiguiendo a Magallanes

 

No fue nada fácil llegar hasta aquel punto donde era inexcusable que fuéramos. Tras recorrer Río Gallegos bajo un temporal de viento y nieve, saltando charcos, de agencia en agencia, que, invariablemente se negaban a alquilarnos un todoterreno para recorrer ese camino, pudimos alquilar una Pick-up  (Toyota Hilux) a un particular.

El 21 de octubre de 1520, tres días después de salir del río Santa Cruz, Magallanes descubre una lengua de tierra que comprende que es un cabo a los 52 grados de latitud meridional y lo bautizan con el nombre del Cabo de las Vírgenes, por ser la onomástica de Santa Úrsula y las Once mil Vírgenes.

PARÉNTESIS AL RELATO: Parece ser que lo de las once mil vírgenes es una exageración. No eran once mil sino once, y con nombres asaz divertidos. El más normalito es Úrsula, no digo más. La confusión viene de una mala traducción.

Pensaban que podía ser una bahía así que enviaron dos naos, la San Antonio y la Concepción a explorar. Justo se desató una tormenta que sacudió a gusto las naves que quedaron a la espera: Trinidad y Victoria.

 

Faro en el Cabo de las Vírgenes. Mercedes de la Fuente


Tres días más tarde, los que quedaron vieron unos fuegos en tierra que pensaron que eran los náufragos de las naves que habían salido. Cuando se disponían a ir en su rescate, vieron dos velas separadas que se acercaban: eran la San Antonio y la Concepción que volvían con la noticia de que podían haber encontrado, al fin, el paso buscado. Habían entrado primero en un canal de aguas quietas, luego en otra ensenada y por fin llegaron a una gran bahía. Navegaron durante tres días sin encontrarle el fin siendo el agua siempre salada. Decidieron volver, cumplido el plazo ordenado.

Observaron que para continuar había dos vías opcionales, una al sudeste y otra al sudoeste, que es el estrecho en sí. Magallanes envió dos naves, San Antonio y Concepción a reconocer el canal del sudeste. La San Antonio dejó atrás a la otra para perderse y regresar a España. Inicialmente la dieron por perdida, pero la verdad es que habían desertado.

Explorando la zona, descubrieron un cementerio indígena con 333 tumbas. El lugar estaba marcado por las costillas de un esqueleto de ballena. Les inquietó porque la ballena, para ellos, estaba rodeada de historias monstruosas. Al fondo, los montes que se divisan se elevan en cumbres nevadas.

 

Faro Cabo Vírgenes, Patagonia. Juan José Manzano Moreno


La zona es un poco desconcertante porque el continente se desmenuza en islas, formando un laberinto de agua y tierra. Como divisaron muchas fogatas la llamaron Tierra del Fuego y, a sus habitantes, Fueguinos. Los Fueguinos, a diferencia de los Patagones (Pies grandes) eran bajitos y fortachones. De ellos, los indios Canoa (o Canoeros) pasaban días en las canoas pescando, haciendo sus guisos y durmiendo.

Encontraron muchas sardinas en una zona del estrecho y lo llamaron, y se sigue llamando, Río de las Sardinas. Enviaron una chalupa a reconocer el río hasta su desembocadura y encontraron a los tres días que desembocaba en el océano. Todos lloraron de alegría. Habían encontrado el paso tan deseado. Al cabo que daba al hasta ahora llamado La Mar del Sur (nombre dado por Balboa, por estar justo al sur de donde él se encontraba en ese momento) le pusieron por nombre Deseado, porque era lo que iban buscando en la expedición.

El 21 de Noviembre, las tres naves que quedan salen por fin al Pacífico.

RUTA EN COCHE

En la autovía hay un desvío hacia Cabo Vírgenes. A partir de ahí el camino es de tierra. Inicialmente, no nos parece que sea tan malo como nos dijeron. Los primeros 70 km se va más o menos bien. Luego pasamos por una de las estancias apetecibles pero carísimas, así que olvidamos la idea de pasar allí una noche.

 

Cartel en las carreteras australes. Juan José Manzano Moreno

Nos cruzamos con otras camionetas y algunos camiones de gas y petróleo. A nuestra derecha hay oleoducto y gasoducto. Pasamos por una petrolera y, a partir de ahí, la carretera se pone peor, con bastantes socavones, progresando de mucho bache a baches sin cesar a medida que avanzamos.

Hay mucha nieve y los charcos están helados. Vemos flamencos, grupos de guanacos, avutardas emparejadas, ñandúes y conejos (pensaba que eran maras,  porque son grandes, pero son conejos enormes y van solos, no en pareja). También hemos visto zorros y algunos patos. Y, por supuesto, muchas ovejas merinas ya esquiladas, lo cual me parece una faena, con el frío que está haciendo.

 

Estrecho de Magallanes. Juan José Manzano Moreno


Tras 3 horas de viaje al Sur por 135 km divisamos el Estrecho de Magallanes a nuestra derecha y, por fin, el cabo frente a nosotros.

Subimos el camino que llega al faro. Allí hay una confitería que pertenece a la estancia Monte Dinero. La confitería se llama Al Fin y al Cabo. Hace un viento gélido así que no dudamos en entrar a tomar un café caliente y ver la zona del cabo desde sus grandes ventanales.

 

Confitería Al fin y al cabo. Patagonia. Mercedes de la Fuente

Dentro se estaba caliente. Charlamos un rato con el encargado que nos cuenta varias cosas. Dudábamos al ver los mapas, ya que en la zona bajo el cabo, que pensábamos que era Atlántico, en los mapas pone Pacífico. No debemos ser los únicos que han tenido esa duda. El encargado de la pastelería entiende el error. Dice que le explicó un marino que esto se debe a que la corriente bajo el cabo pertenece al Pacífico. O sea, que estamos sobre la desembocadura del Pacífico. De hecho, este tema sigue en discusión entre Chile y Argentina.

 

KM 0 Ruta Nacional andina Argentina-Bolivia. JJMM

Una curiosidad es que encontramos el indicador del Km 0 de la Ruta Nacional 40 (RN40) que es la carretera que se inicia en Argentina, en el Cabo Vírgenes y llega hasta Jujuy, en Bolivia, y va paralela a los Andes.

Dimos un paseo por el Cabo. El agua bajo nosotros tiene un color extrañísimo. Parece, efectivamente, una zona de desembocadura. Un color lechoso, con masas de algas quietas (quelpos quizá) pero en una sola dirección. Parecen cabelleras que se extienden todas hacia el mismo lado. Al fondo se ve la línea de mar más oscura.

A la derecha mirando al sur, el Estrecho, territorio chileno, que posee las dos orillas. Y una zona muy llana donde Sarmiento de Gamboa en 1584 fundó una ciudad, Nombre de Jesús, de la que en 1585 solo quedaban 50 pobladores. El lugar está marcado con una cruz blanca, y hay un cementerio próximo de quienes allí murieron.

 

 

Distancia a Buenos Aires. Juan José Manzano Moreno


En la llanura hace frío pero no molesta el viento. Hay una pingüinera. Aquí los pingüinos magallánicos en lugar de excavar, anidan bajo las matas que les protege o eso pretenden, de las charrúas y gaviotas cocineras. Vemos muchos huevos rotos.

 

Pingüino magallánico. Juan José Manzano Moreno


Recorremos un sendero. Son muy graciosos los grupitos de pingüinos que lo cruzan rebuznando. Rebuznan cuando alguien les molesta o para llamar a las hembras. Ponen los huevos (2 cada hembra) a finales de octubre. Primero llegan los machos para preparar el nido, siempre el mismo. Por eso, junto a cada nido hay un palito con un nombre que le han dado los guardas. Como Alejo, que me gustó mucho para nombre de pingüino.

Una semana más tarde llegan las hembras. Una vez puestos los huevos, la pareja se turna para empollarlos durante 40 días. Mientras un miembro de la pareja empolla, el otro está en la playa pescando. El mar y la playa están llenos de pingüinos que se reúnen en grupos para bajar por los senderos a pescar, charlando alegremente. Vemos muchos en el agua buceando.

 

Nido de pingüinos magallánicos. Mercedes de la Fuente


De regreso por la autovía, al anochecer, paramos a hacerle una foto a una señal de tráfico muy graciosa para indicar viento. Es un árbol con la copa desmelenada hacia un lado. Y el tronco combado.

Nos metimos pronto en la cama. Quieras que no, la carretera de batidora te deja el cuerpo molido.

 

 

BIBLIOGRAFÍA


Darwin, CH. Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Greenbooks Editore, 2014
Fuente Ramos, Mercedes de la. Crónicas desde la Costa.
Pigagfetta, Antonio, Primer viaje en torno al globo, Ed, Calpe, Madrid, 1922
Pueblos originarios, Biografías.
Sánchez Sorondo, Gabriel. Travesía al fin del mundo. Ed. Nowtilus, 2006
Thompson, Harry. Hacia los Confines del Mundo. Ed. Salamandra, 2007

 

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Capítulo II – Mi vuelta al mundo persiguiendo a Magallanes

 

No fue nada fácil llegar hasta aquel punto donde era inexcusable que fuéramos. Tras recorrer Río Gallegos bajo un temporal de viento y nieve, saltando charcos, de agencia en agencia, que, invariablemente se negaban a alquilarnos un todoterreno para recorrer ese camino, pudimos alquilar una Pick-up  (Toyota Hilux) a un particular.

El 21 de octubre de 1520, tres días después de salir del río Santa Cruz, Magallanes descubre una lengua de tierra que comprende que es un cabo a los 52 grados de latitud meridional y lo bautizan con el nombre del Cabo de las Vírgenes, por ser la onomástica de Santa Úrsula y las Once mil Vírgenes.

PARÉNTESIS AL RELATO: Parece ser que lo de las once mil vírgenes es una exageración. No eran once mil sino once, y con nombres asaz divertidos. El más normalito es Úrsula, no digo más. La confusión viene de una mala traducción.

Pensaban que podía ser una bahía así que enviaron dos naos, la San Antonio y la Concepción a explorar. Justo se desató una tormenta que sacudió a gusto las naves que quedaron a la espera: Trinidad y Victoria.

 

Faro en el Cabo de las Vírgenes. Mercedes de la Fuente


Tres días más tarde, los que quedaron vieron unos fuegos en tierra que pensaron que eran los náufragos de las naves que habían salido. Cuando se disponían a ir en su rescate, vieron dos velas separadas que se acercaban: eran la San Antonio y la Concepción que volvían con la noticia de que podían haber encontrado, al fin, el paso buscado. Habían entrado primero en un canal de aguas quietas, luego en otra ensenada y por fin llegaron a una gran bahía. Navegaron durante tres días sin encontrarle el fin siendo el agua siempre salada. Decidieron volver, cumplido el plazo ordenado.

Observaron que para continuar había dos vías opcionales, una al sudeste y otra al sudoeste, que es el estrecho en sí. Magallanes envió dos naves, San Antonio y Concepción a reconocer el canal del sudeste. La San Antonio dejó atrás a la otra para perderse y regresar a España. Inicialmente la dieron por perdida, pero la verdad es que habían desertado.

Explorando la zona, descubrieron un cementerio indígena con 333 tumbas. El lugar estaba marcado por las costillas de un esqueleto de ballena. Les inquietó porque la ballena, para ellos, estaba rodeada de historias monstruosas. Al fondo, los montes que se divisan se elevan en cumbres nevadas.

 

Faro Cabo Vírgenes, Patagonia. Juan José Manzano Moreno


La zona es un poco desconcertante porque el continente se desmenuza en islas, formando un laberinto de agua y tierra. Como divisaron muchas fogatas la llamaron Tierra del Fuego y, a sus habitantes, Fueguinos. Los Fueguinos, a diferencia de los Patagones (Pies grandes) eran bajitos y fortachones. De ellos, los indios Canoa (o Canoeros) pasaban días en las canoas pescando, haciendo sus guisos y durmiendo.

Encontraron muchas sardinas en una zona del estrecho y lo llamaron, y se sigue llamando, Río de las Sardinas. Enviaron una chalupa a reconocer el río hasta su desembocadura y encontraron a los tres días que desembocaba en el océano. Todos lloraron de alegría. Habían encontrado el paso tan deseado. Al cabo que daba al hasta ahora llamado La Mar del Sur (nombre dado por Balboa, por estar justo al sur de donde él se encontraba en ese momento) le pusieron por nombre Deseado, porque era lo que iban buscando en la expedición.

El 21 de Noviembre, las tres naves que quedan salen por fin al Pacífico.

RUTA EN COCHE

En la autovía hay un desvío hacia Cabo Vírgenes. A partir de ahí el camino es de tierra. Inicialmente, no nos parece que sea tan malo como nos dijeron. Los primeros 70 km se va más o menos bien. Luego pasamos por una de las estancias apetecibles pero carísimas, así que olvidamos la idea de pasar allí una noche.

 

Cartel en las carreteras australes. Juan José Manzano Moreno

Nos cruzamos con otras camionetas y algunos camiones de gas y petróleo. A nuestra derecha hay oleoducto y gasoducto. Pasamos por una petrolera y, a partir de ahí, la carretera se pone peor, con bastantes socavones, progresando de mucho bache a baches sin cesar a medida que avanzamos.

Hay mucha nieve y los charcos están helados. Vemos flamencos, grupos de guanacos, avutardas emparejadas, ñandúes y conejos (pensaba que eran maras,  porque son grandes, pero son conejos enormes y van solos, no en pareja). También hemos visto zorros y algunos patos. Y, por supuesto, muchas ovejas merinas ya esquiladas, lo cual me parece una faena, con el frío que está haciendo.

 

Estrecho de Magallanes. Juan José Manzano Moreno


Tras 3 horas de viaje al Sur por 135 km divisamos el Estrecho de Magallanes a nuestra derecha y, por fin, el cabo frente a nosotros.

Subimos el camino que llega al faro. Allí hay una confitería que pertenece a la estancia Monte Dinero. La confitería se llama Al Fin y al Cabo. Hace un viento gélido así que no dudamos en entrar a tomar un café caliente y ver la zona del cabo desde sus grandes ventanales.

 

Confitería Al fin y al cabo. Patagonia. Mercedes de la Fuente

Dentro se estaba caliente. Charlamos un rato con el encargado que nos cuenta varias cosas. Dudábamos al ver los mapas, ya que en la zona bajo el cabo, que pensábamos que era Atlántico, en los mapas pone Pacífico. No debemos ser los únicos que han tenido esa duda. El encargado de la pastelería entiende el error. Dice que le explicó un marino que esto se debe a que la corriente bajo el cabo pertenece al Pacífico. O sea, que estamos sobre la desembocadura del Pacífico. De hecho, este tema sigue en discusión entre Chile y Argentina.

 

KM 0 Ruta Nacional andina Argentina-Bolivia. JJMM

Una curiosidad es que encontramos el indicador del Km 0 de la Ruta Nacional 40 (RN40) que es la carretera que se inicia en Argentina, en el Cabo Vírgenes y llega hasta Jujuy, en Bolivia, y va paralela a los Andes.

Dimos un paseo por el Cabo. El agua bajo nosotros tiene un color extrañísimo. Parece, efectivamente, una zona de desembocadura. Un color lechoso, con masas de algas quietas (quelpos quizá) pero en una sola dirección. Parecen cabelleras que se extienden todas hacia el mismo lado. Al fondo se ve la línea de mar más oscura.

A la derecha mirando al sur, el Estrecho, territorio chileno, que posee las dos orillas. Y una zona muy llana donde Sarmiento de Gamboa en 1584 fundó una ciudad, Nombre de Jesús, de la que en 1585 solo quedaban 50 pobladores. El lugar está marcado con una cruz blanca, y hay un cementerio próximo de quienes allí murieron.

 

 

Distancia a Buenos Aires. Juan José Manzano Moreno


En la llanura hace frío pero no molesta el viento. Hay una pingüinera. Aquí los pingüinos magallánicos en lugar de excavar, anidan bajo las matas que les protege o eso pretenden, de las charrúas y gaviotas cocineras. Vemos muchos huevos rotos.

 

Pingüino magallánico. Juan José Manzano Moreno


Recorremos un sendero. Son muy graciosos los grupitos de pingüinos que lo cruzan rebuznando. Rebuznan cuando alguien les molesta o para llamar a las hembras. Ponen los huevos (2 cada hembra) a finales de octubre. Primero llegan los machos para preparar el nido, siempre el mismo. Por eso, junto a cada nido hay un palito con un nombre que le han dado los guardas. Como Alejo, que me gustó mucho para nombre de pingüino.

Una semana más tarde llegan las hembras. Una vez puestos los huevos, la pareja se turna para empollarlos durante 40 días. Mientras un miembro de la pareja empolla, el otro está en la playa pescando. El mar y la playa están llenos de pingüinos que se reúnen en grupos para bajar por los senderos a pescar, charlando alegremente. Vemos muchos en el agua buceando.

 

Nido de pingüinos magallánicos. Mercedes de la Fuente


De regreso por la autovía, al anochecer, paramos a hacerle una foto a una señal de tráfico muy graciosa para indicar viento. Es un árbol con la copa desmelenada hacia un lado. Y el tronco combado.

Nos metimos pronto en la cama. Quieras que no, la carretera de batidora te deja el cuerpo molido.

 

 

BIBLIOGRAFÍA


Darwin, CH. Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Greenbooks Editore, 2014
Fuente Ramos, Mercedes de la. Crónicas desde la Costa.
Pigagfetta, Antonio, Primer viaje en torno al globo, Ed, Calpe, Madrid, 1922
Pueblos originarios, Biografías.
Sánchez Sorondo, Gabriel. Travesía al fin del mundo. Ed. Nowtilus, 2006
Thompson, Harry. Hacia los Confines del Mundo. Ed. Salamandra, 2007

 

Mercedes de la Fuente
Mercedes de la Fuente
mercedesdelafuenteramos@gmail.com

Enfermera y viajera impenitente. Escribo mis diarios cada noche, en cada viaje, desde hace más de 40 años. Antes en cuadernillos y actualmente en mi blog. Ahora quiero compartir los viajes anteriores y los futuros. Las mejores experiencias. El mejor aprendizaje viene de las personas y de la naturaleza.

1 Comentario
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    Francisco González
    Publicado el 17:17h, 25 septiembre Responder

    Me ha gustado el relato del viaje con las extensiones que se precisan para hacerlo completo.

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